
No fue posible el proyecto de realizarle una entrevista con motivo de ese esperado centenario, para incorporarla como una entrada del blog y me veo con la obligación de convertirla en un obituario muy especial.
Para mí, personal y profesionalmente, la muerte de Antonio Mintesinos es y representa la pérdida de otro de mis primeros maestros de “vida y profesión como abogado laboralista”.
Junto a Maria Luisa Suarez y Manuela Carmena Castrillo, me abrieron la puerta de entrada del despacho de la Calle de la Cruz nº 16-3º izda. a finales de 969, después de cumplir durante ese año, en las prisiones de Madrid, Jaén y Segovia, la condena que me impuso el Tribunal de Orden Público, por lo que entonces calificaban de Propaganda Ilegal, unas octavillas firmadas por las CCOO del Campo de Gibraltar y las Comisiones Cívicas de Cádiz, con motivo de la fiesta de Primero de Mayo del año 1968 , que contenían reivindicaciones laborales y sociales.
Eran aquellos momentos, muy problemático e inseguro panorama con el que me enfrentaba al salir de la Prisión de Segovia el 20 de noviembre de 1969 , ya que, con veinte y seis años, con la carrera de derecho y la licenciatura de sociología terminadas, pero sin trabajo y muy escasas perspectivas de encontrarlo a corto plazo y aunque tenga que decirlo de nuevo – con el total apoyo afectivo de mis padres, que me visitaron en las diversas prisiones donde estuve- a seguir ayudándome económicamente, como lo habían hecho hasta ese momento.
Tanteé la posibilidad de encontrar en Madrid acomodo de “pasante”- denominación y práctica que no me seducía en absoluto- con algunos abogados que tenían despacho tradicionales, sin resultado positivo alguno.
Y Maria Luisa Suarez fue una de las primeras personas con quién conecté y ella , la que habló con Antonio Montesinos y Manuela Carmena, que no solo no pusieron inconveniente alguno para que me incorporase de inmediato al despacho, sino que acordaron además, detraer mensualmente de sus magros ingresos dos mil pesetas cada uno, con lo que , me convertía en un “aprendiz de abogado” muy afortunado, no sólo por empezar a trabajar con un salario mensual de seis mil pesetas en el primer despacho laboralista de Madrid, sino también tener como maestros a tres muy buenos y ya expertos reconocidos profesionales del derecho, estrechamente ligados a la defensa en todos los ámbitos al nuevo movimiento obrero, que representaban las CC.OO.
Aún conservo un documento en mi archivo personal , como si fuese una reliquia, se trata, de una gacetilla, publicada en el diario YA del 5 de diciembre de 1969, firmada por F.G. (correspondía al excelente cronista de Tribunales de dicho periódico madrileño Francisco Gor) bajo el título de Recurso por Propaganda Ilegal, cuyo texto transcribo a continuación, ante el riesgo que resulte ilegible-por mi manía de subrayar los documentos-:
Se vio ante la Sala Segunda del Tribunal Supremo un recurso interpuesto por los hermanos Francisco y Roberto Boti Ceballos contra sentencia dictada el 21 de mayo de 1969 por el Tribunal de Orden Público que les condenó por el delito de propaganda ilegal, a seis meses y un día de prisión menor y multa de 10.000 pesetas.
Según el fiscal , los recurrentes distribuyeron el día 31 de octubre de 1968 en el barrio de Vallecas octavillas firmadas por las llamadas Comisiones Obreras. En la vista del recurso ( de casación) el abogado defensor de los recurrentes don Juan José del Águila Torres, basó su alegato en que el contenido de las referidas octavillas no pretendía destruir violentamente la organización actual del Estado Español.

Con ello, se demuestra la rapidez e inmediatez de mi efectiva incorporación al despacho de la calle de la Cruz, con mi primera actuación profesional- sustituyendo a Maria Luisa Suarez- como abogado defensor de dos condenados por el TOP-los hermanos Boti-, a quienes conocí personalmente en la cárcel de Carabanchel, esperando mi traslado a la de Segovia- ante la Sala Segunda del Tribunal Supremo-alta instancia judicial penal del Régimen franquista-que se caracterizó durante todo el periodo que resolvió los Recursos de Casación contra las sentencias dictadas `por el TOP por confirmar la mayoría de sus fallos condenatorios.
Afortunadamente para mí y para los tres compañeros del despacho dicha situación inicial duró escasamente muy pocos meses, sin apenas un primer periodo de aprendizaje, porque casi sin preverlo-tanto ellos tres como yo mismo-, dado el vertiginoso aumento del trabajo a partir del año 1970 sobre todo reclamaciones y despidos colectivos de las grandes empresas ante la Magistratura de Trabajo, que comenzé a llevar desde el principio, con unos buenísimos resultados para los ingresos del despacho, que hizo posible a los poco meses de mi incorporación, hacer frente incluso al pago mensual del alquiler, contratar a una secretaria- Dolores Sancho- y auto asignarnos unos dignos sueldos mensuales mínimos.
Antonio además de la licenciatura de derecho, (que empezó en la Facultad de Derecho en Murcia y acabó en la de Valladolid), había preparado oposiciones a judicatura y además había sido pasante -figura clásica de aprendiz- con prestigiados abogados como Abad Conde -que era el propietario del despacho de la Calle de la Cruz.
De ahí que tuviese visión y conocimientos más amplios del ordenamiento jurídico y fuese además un gran experto. Dominaba todas las materias del complejo mundo del derecho y recurríamos a él con mucha frecuencia para despejar nuestras dudas e ignorancias de bastantes parcelas que él resolvía siempre con mucha paciencia y muy buen trato.
Otra característica suya, que siempre me impresionó, la cantidad de personas de todos los ámbitos que conocía por su dilatada trayectoria profesional, por las múltiples y ricas experiencias vitales que había pasado , sus padres ambos maestros republicanos fueron represaliados y sometidos a depuración tras finalizada la contienda con tres diferentes traslados obligatorios .
Contaba él que en febrero de 1943 acompañó a su padre y a su tía a presenciar el Consejo de Guerra en el que juzgaban al hermano de su padre – Manuel Montesinos Esparcia- que había sido concejal del PCE durante la guerra y a otros cuatro más , por haber reconstituido el Partido Comunista en Albacete , la petición fiscal fue de dos penas de muerte y la sentencia les impuso a los cinco procesados esas máximas penas, que fueron ejecutadas en las tapias del cementerio del Este el 16 de marzo de 1943, Tenía 40 años y dejaba viuda con cuatro hijos.
Esa trágica experiencia, junto a las medidas represivas adoptadas contra su padre y madre, le motivaron para realizar la licenciatura de derecho y ser luego un extraordinario profesional de la abogacía.

Afortunadamente , conservo la cariñosa dedicatoria de ese libro que me dedicó Antonio sobre el largo periodo que compartimos juntos en los despachos de Cruz 16-3º y la calle Alcalá 151-6º, de veinte y un año comprendido desde 1970 a 1991, que ingresé en la carrera judicial como magistrado, siendo Sevilla mi primer destino y donde realizé la tesis académica sobre el TOP, en cuya lectura pública en su Facultad de Derecho tuve el enorme honor y satisfacción de que estuvieran presentes tres grandes amigos y compañeros abogados de Madrid : Antonio Montesinos Villegas, Jaime Miralles Alvarez y Enrique Lillo.

Para terminar esta semblanza dedicada al maestro, compañero y amigo Antonio Montesinos una carta firmada el 21 de abril de 1989, con membrete de los tres cotitulares del despacho de Alcalá 156,6º Dcha., por la que se anunciaba su incorporación como cualificado profesional y experto civilista junto a los proyectados planes de ampliación del despacho con otros expertos en diversas materias.

ADENDA
Todos aquellos lectores interesados en consultar un precioso recordatorio “Adiós al abogado Antonio Montesinos, uno de nuestros maestros” en el Blog de Ronteky- Los carriles de la vida- cuyo autor Francisco Naranjo , sindicalista de CCOO y exdirector de la Fundación de Abogados de Atocha (2005-2024) pueden ponchar en el anterior enlace.
Madrid a 31 de julio del 2026.
Juan José del Águila Torres, Exabogado laboralista, ex magistrado de lo social, doctor en derecho, investigador-aflorador.

